Una Salud: ¿Una fórmula (no tan) nueva para evitar futuras pandemias?

Por Facundo Odriozola – Amigo de ED
20/01/21

Introducción

A comienzos del siglo XXI, el avance de enfermedades de origen zoonótico con el potencial de convertirse en pandemias pusieron en alerta a la comunidad científica internacional por la enorme amenaza latente de éstas, no sólo para la salud, sino para los suministros de alimentos y las economías globales, lo cual llevó a que gobiernos y científicos de todo el mundo entendieran y reconocieran la importancia de acercar a las distintas disciplinas de la salud para trabajar en soluciones conjuntas.

Es así, que bajo la consigna de Una Salud nace este enfoque cuyo desafío es fomentar la colaboración interdisciplinaria, interinstitucional e interprofesional a nivel local, nacional y global para promover el bienestar de las personas, los animales y el ambiente, mediante el diseño y la implementación de programas, políticas, legislación e investigación conjunta. (One Health Commission, 2021)

De esta forma, se buscó amalgamar una diversidad de disciplinas, desde médicos y veterinarios, a científicos ambientalistas, ecologistas, biólogos y otros, unidos con el objetivo común de construir una infraestructura de respuesta que enfatice el intercambio de información y la coordinación de acciones en múltiples frentes para buscar la salud humana, animal y ambiental, que juntas hacen a la triada de Una Salud.

Este programa tiene como principales ejes de trabajo velar por la inocuidad de los alimentos, el control de enfermedades zoonóticas y combatir la resistencia a los antibióticos.

 

¿Cómo nace Una Salud?

Para hablar de su concepción, es importante diferenciar primero la idea detrás de Una Salud, como concepto que puede ser rastreado hasta el siglo XIX, de la institucionalización y el acercamiento formal de distintas disciplinas de la salud hacía el 2004, cuando la Sociedad de Conservación de la Vida Silvestre (WCS, por sus siglas en inglés) usa por primera vez el término “Un Mundo-Una Salud”, en una conferencia internacional, buscando así articular la salud pública con la sanidad animal y el estado de los ecosistemas.

Nos encontramos entonces con que hacia mediados del siglo XIX, el reconocido patólogo alemán Rudolf Virchow identifica por primera vez la conexión entre la medicina humana y la veterinaria mientras se encontraba estudiando lombrices intestinales en los cerdos. Es entonces cuando acuña el término “zoonosis”, para referirse a una enfermedad infecciosa que se transmite entre humanos y animales. 

El mismo subraya, que “Entre la medicina animal y la humana no hay líneas divisorias, ni debería haberlas. El objeto es diferente pero la experiencia obtenida constituye la base de toda medicina” (CDC, 2021)

Un siglo más tarde sería el turno de Calvin Schwabe, considerado como uno de los padres de la epidemiología veterinaria, quien en 1964 levanta el guante del maestro Virchow cuando propone que los profesionales de la salud humana y los veterinarios deben trabajar en conjunto para combatir las enfermedades zoonóticas, e inventa el término –con algo menos de marketing que el que nos ocupa-, “Una Medicina”.

Ello, con el objetivo de resaltar las similitudes entre la medicina humana y la veterinaria, y la necesidad de colaboración entre éstas para efectivamente prevenir, controlar y curar enfermedades que afecten tanto a humanos como a animales.

Lamentablemente, y con excepción de algunas menciones que quedarían al margen, la idea de combinar las distintas disciplinas de la medicina recién vuelve a surgir de forma seria e institucionalizada en el 2004, por pánico de la comunidad científica global a que una enfermedad zoonótica, la influenza aviar -HPAI H5N1-, deviniera en una pandemia de un potencial ilimitado. (Gibbs, 2014)

Fue entonces, que este enfoque pragmático se presenta en el contexto de un simposio internacional del 2004, cuando la Sociedad de Conservación de la Vida Silvestre (WCS por sus siglas en inglés) introduce, como fuera dicho, el término “Un Mundo-Una Salud”, y cuyas conclusiones fueron publicadas bajo “Los 12 principios de Manhattan” (One Health Comission, 2004) –que desarrollaremos a continuación-, los cuales tenían como objetivo establecer un método holístico para prevenir las enfermedades epidémicas y epizoóticas, respetando la integridad de los ecosistemas, en beneficio de los seres humanos, los animales domésticos y la biodiversidad del mundo entero. (One World One Health, 2004)

Así las cosas, es que las principales agencias mundiales, entre las que se encontraban la Organización Mundial de la Salud, la Organización Mundial de Sanidad Animal, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (WHO, OIE, FAO y UNICEF, por sus siglas en inglés), se vieron obligadas por primera vez a sentarse en la misma mesa.

De esta forma, se logró la cooperación de los principales actores políticos mundiales, incluyendo a la Unión Europea, el gobierno de los Estados Unidos y la Organización de las Naciones Unidas, entre otros, quienes durante los siguientes años trabajarían en conjunto, destinando una enorme cantidad de recursos para hacer frente al brote de HPAI H5N1. (Gibbs, 2014)

Lo cierto es que entonces el enfoque de Una Salud tuvo un relativo éxito abordando la crisis de la influenza aviar H5N1, operando como un canal interinstitucional e interdisciplinario desde el cual estas agencias y las autoridades gubernamentales pudieron trabajar de forma coordinada y articulada, demostrando ser una herramienta provechosa para enfrentar enfermedades zoonóticas.

 

Los 12 Principios de Manhattan

Como fuera dicho, los mentados principios actuaron como plataforma, en aquella conferencia del 2004, para consolidar el enfoque de Una Salud, estableciendo los principales ejes del mismo al instar a los líderes mundiales, la sociedad civil, la comunidad sanitaria mundial y las instituciones científicas a:

  1. Reconocer el vínculo esencial entre la salud humana, de los animales domésticos y de la vida silvestre y la amenaza que representan las enfermedades para las personas, sus suministros de alimentos y economías, y la biodiversidad esencial para mantener los entornos saludables y los ecosistemas en funcionamiento que todos necesitamos.
  2. Reconocer que las decisiones sobre el uso de la tierra y el agua tienen implicaciones reales para la salud. Las alteraciones en la resiliencia de los ecosistemas y los cambios en los patrones de aparición y propagación de enfermedades se manifiestan cuando no reconocemos esta relación.
  3. Incluir la ciencia de la salud de la vida silvestre como un componente esencial de la prevención, vigilancia, monitoreo, control y mitigación de enfermedades a nivel mundial.
  4. Reconocer que los programas de salud humana pueden contribuir enormemente a los esfuerzos de conservación.
  5. Diseñar enfoques adaptativos, holísticos y con visión de futuro para la prevención, la vigilancia, el seguimiento, el control y la mitigación de enfermedades emergentes y resurgentes que tengan en cuenta las complejas interconexiones entre especies.
  6. Buscar oportunidades para integrar plenamente las perspectivas de conservación de la biodiversidad y las necesidades humanas (incluidas las relacionadas con la salud de los animales domésticos) al desarrollar soluciones a las amenazas de enfermedades infecciosas.
  7. Reducir la demanda y regular mejor el comercio internacional de vida silvestre y carne de animales silvestres, no solo para proteger las poblaciones de vida silvestre, sino también para disminuir los riesgos de movimiento de enfermedades, transmisión entre especies y el desarrollo de nuevas relaciones patógeno-hospedador. Los costos de este comercio mundial en términos de impactos en la salud pública, la agricultura y la conservación son enormes, y la comunidad mundial debe abordar este comercio como la verdadera amenaza que representa para la seguridad socioeconómica mundial.
  8. Restringir el sacrificio masivo de especies silvestres en libertad para el control de enfermedades a situaciones en las que existe un consenso científico internacional multidisciplinario de que una población de vida silvestre representa una amenaza urgente y significativa para la salud humana, la seguridad alimentaria o la salud de la vida silvestre en general.
  9. Aumentar la inversión en la infraestructura mundial de salud humana y animal en consonancia con la gravedad de las amenazas de enfermedades emergentes y recurrentes para las personas, los animales domésticos y la vida silvestre. Una mayor capacidad para la vigilancia mundial de la salud humana y animal y para el intercambio de información claro y oportuno (que tenga en cuenta las barreras del idioma) solo puede ayudar a mejorar la coordinación de las respuestas entre las agencias gubernamentales y no gubernamentales, las instituciones públicas y de salud animal, los fabricantes de vacunas / productos farmacéuticos y otras partes interesadas.
  10. Formar relaciones de colaboración entre los gobiernos, la población local y los sectores público y privado (es decir, sin fines de lucro) para enfrentar los desafíos de la salud global y la conservación de la biodiversidad.
  11. Proporcionar recursos y apoyo adecuados para las redes mundiales de vigilancia de la salud de la vida silvestre que intercambian información sobre enfermedades con las comunidades de salud pública y salud de los animales agrícolas como parte de los sistemas de alerta temprana para la aparición y el resurgimiento de amenazas de enfermedades.
  12. Invertir en educar y concientizar a la población mundial e influir en el proceso de políticas para aumentar el reconocimiento de que debemos comprender mejor las relaciones entre la salud y la integridad del ecosistema para tener éxito en mejorar las perspectivas de un planeta más saludable.

 

¿Más de una década después, Una Salud fue la solución?

Con posterioridad surgieron nuevas amenazas de rebrotes, tales como el virus del Nilo Occidental, la fiebre hemorrágica del Ébola y la viruela del simio, entre otras, quizás con un potencial de propagación menor que el de la influenza aviar (H5N1), pero lo cierto es que ninguna se comparó en nivel de virulencia con el SARS-COVID-19.

La experiencia que dejó el HPAI H5N1, había demostrado la necesidad de las diferentes disciplinas, así como de los diferentes gobiernos regionales y globales, de actuar de forma conjunta para monitorear y controlar el avance de nuevas cepas de virus que pudieran devenir en epidemias y/o pandemias.

Si bien el programa de Una Salud ofreció una guía mediante sus 12 Principios de Manhattan, los cuales fueran complementados en 2019 con los Principios de Berlín (Gruetzmacher et. al., 2020), éstos no dejaron de ser enfoques, proposiciones a adoptar por la comunidad global con el objetivo de mitigar el avance (no tan) lento y seguro de las enfermedades zoonóticas a nivel mundial.

Efectivamente, la realidad no sólo no cambió, sino que desde allí a hoy las acciones humanas dañinas para el ambiente, tales como la contaminación en sus diversas formas y la pérdida de biodiversidad, sólo se acrecentaron, yendo a contramano de la demanda imperativa de la comunidad científica en pleno para revertir el aumento alarmante de enfermedades epizoóticas que, allá por el 2004, comenzaban a avizorar con meridiana claridad.

La irrupción del COVID-19 demostró que aún estamos lejos de la coalición de las diferentes disciplinas y regiones, necesaria para hacer frente a este y futuros brotes de enfermedades infecciosas, al tiempo que puede ser una oportunidad para que el programa de Una Salud alce la voz, hasta convertirse en un reclamo ciudadano global. 

Nuestros dirigentes deben entender que no queda más opción que unir, de una vez y para siempre, a la economía y la política con la ciencia, si es que no queremos que este mundo aislado y surrealista se vuelva la ‘nueva normalidad’.

Con más dudas que certezas, (me) planteo la pregunta: ¿estamos a tiempo?

 

Bibliografía

One World One Health. (2004). Recuperado el 12 de enero de 2021, de www.oneworldonehealth.org 

One Health Commission. (2021). Recuperado el 11 de enero de 2021, de https://www.onehealthcommission.org 

CDC. (2021). www.cdc.gov. Recuperado el 11 de enero de 2021, de https://www.cdc.gov/onehealth/index.html 

Gibbs, E. P. (25 de enero de 2014). The evolution of One Health: a decade of progress and challenges for the future. Recuperado el 15 de enero de 2021, de https://bvajournals.onlinelibrary.wiley.com/journal/20427670 

Gruetzmacher et. al., K. W. (octubre de 2020). The Berlin principles on one health – Bridging global health and conservation. Science of the Total Environment, https://doi.org/10.1016/j.scitotenv.2020.142919

One Health Comission. (septiembre de 2004). www.onehealthcommission.org. Recuperado el 6 de enero de 2020, de https://www.onehealthcommission.org/index.cfm/37526/75802

/twelve_manhattan_principles_formulated
Gráfica: OMS

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *